Dolores y trastornos que afectan el sexo

Tres de cada diez parejas estables tienen problemas

A veces, y por más amor o interés que exista entre las parejas, se erigen barreras físicas y psicológicas que les impiden mantenerse juntas en la cama. Es más, hacen prácticamente imposible que le den a este mueble un uso distinto al de dormir.

Se estima que tres de cada diez parejas estables pueden estar afectadas por estos problemas. Aun así, muy pocas reconocen que los tienen, dejan la pena, superan el miedo y consultan con el especialista para ponerles remedio.

La mayoría, simplemente, los pasan por alto y 'engavetan' la vida sexual, pese a que semejante abandono, que al comienzo es una costumbre y luego se convierte en una rutina lesiva para la pareja, genera profundas frustraciones.

No crean que estos problemas afectan más a hombres o a mujeres, o que están ligados exclusivamente a la edad avanzada o a ciertos patrones culturales y religiosos. Nada de eso: si hay algo democrático en esta vida, es la falta de deseo sexual.

Así que, por más normal que le parezcan esas situaciones que intervienen en las relaciones sexuales, consulte con un médico si se prolongan en el tiempo.

A partir del diagnóstico que él haga, puede recomendarles la asesoría del especialista más indicado: ginecólogo, urólogo, psicólogo y sexólogo, entre otros.

De esas barreras infranqueables en el sexo hacen parte trastornos físicos y psicológicos, como los siguientes.

1. Problemas estructurales
Hay deformidades en los órganos sexuales que hacen imposible que una pareja pueda tener una vida sexual plena. En los hombres puede ser una curvatura o el tamaño escaso o excesivo del pene, la agenesia testicular (ausencia o escaso desarrollo de testículos) y la enfermedad de Peyronié (endurecimiento que deforma el pene). En las mujeres, deformidades congénitas (como la ambigüedad o la ausencia de vagina) o una agenesia vaginal (que impide que la vagina se desarrolle correctamente). En cualquier caso, se necesita tratamiento médico.


2. Dispareunia
Es un dolor intenso que sufren algunas mujeres en cualquier etapa de la relación sexual. Se trata de una sensación de ardor, similar a la de una quemadura. Suele localizarse en los genitales externos, en la parte interna u ocupar toda la pelvis. Sus causas pueden estar ligadas a deformaciones estructurales, infecciones en las áreas genitales o cicatrices. Se cree, además, que puede tener causas psicológicas por deficiente información, ansiedad o mala experiencia previa. Incluso, puede deberse a falta de buenas posiciones y técnicas en la cama.


3. Déficits hormonales
Se sabe que el deseo sexual está ligado, de manera directa, a la cantidad de andrógenos u hormonas sexuales masculinas (testosterona) que tengan tanto hombres como mujeres. Una caída significativa en los niveles normales puede llevar a una pérdida parcial o total del deseo sexual. Este problema es más frecuente en hombres mayores, pero también se puede desarrollar en mujeres. En el tratamiento de las alteraciones hormonales se puede recomendar, incluso, una terapia de sustitución.


4. Enfermedad grave
Hay enfermedades graves de uno de los miembros de la pareja que impiden una vida sexual plena y, aunque al comienzo puede haber comprensión y solidaridad, esto puede atenuar la calidad y cantidad de las relaciones sexuales. Si se prolonga en el tiempo, puede llegar, incluso, a generar disfunciones sexuales en la pareja. Una consulta le ayudará a determinar las alternativas -siempre respetando a la pareja-, que puedan ser gratas y suplan las relaciones coitales.


5. Sin gusto por la pareja
Por más hormonas que haya, el estímulo que dispara todas las fases de la actividad sexual no se activará si hay falta de gusto o de interés. Mejor dicho, si la atracción es escasa o no hay un gusto real por la otra persona, las ganas no llegan. Lo importante acá es determinar si se trata solamente de una pérdida selectiva del gusto o si esta condición está enmascarando otro problema físico o psicológico.


6. Cuando son otros los males
A veces sobran ganas y no hay problemas hormonales, pero no hay con qué y los órganos no responden. Eso sucede, con frecuencia, en las personas diabéticas (su sensibilidad se pierde por daño en los pequeños nervios y en los vasos sanguíneos), en los pacientes hipertensos (la tensión arterial alta daña los vasos sanguíneos y puede producir impotencia) o cuando hay lesiones neurológicas graves. Además, se puede dar en personas que sufren de enfermedades mentales como la esquizofrenia, la depresión mayor y el trastorno bipolar.

El Tiempo

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