¿Están en decadencia las tendencias?

Para muchos expertos ya no hay reglas estrictas sobre la moda

Kate Lanphear, la siempre elegante directora de estilo de la revista Elle, es comúnmente acosada en las cenas con invitados con preguntas sobre la nueva ola de la moda.

“Lo que más me preguntan es ¿Cuál es el color ‘in’ para la temporada siguiente?”, dijo.
Esta pregunta la exaspera. “Si la oigo una vez más...”, dijo, mientras exhalaba explosivamente.

Identificar las tendencias en color, forma y actitud general e interpretarlas para la cámara es, por supuesto, el oficio de Lanphear, unas formas de colocar las más codiciables miradas en una especie de contexto.

“Como reportera”, dijo ella, “una siempre está atenta a las tendencias”. Pero, ¿como compradora? No tanto.

Lanphear es una en un influyente círculo de creadores de tendencias -comerciantes, estilistas, fotógrafos y blogueros- que puede registrar nuevas directrices en la moda como si se tratara de artículos en una lista de comidas de alto precio. El neón, dirán ellos al unísono, está cobrando ímpetu; los diseños estampados están siendo populares; el traje-pantalón domina; los leggings de piel son lo último de la temporada.

Y todo está bien, en lo que a tales observaciones se refiere. Pero no pocas veces, como podrían decirle los conocedores de la materia, quizás esto en modo alguno esté tan lejos.

Un cambio en la moda
“Las tendencias, no son lo que solían ser”, dijo Garance Dore, la bloguera y fotógrafa de estilo. Hasta en algún momento en la década de 1970, señaló Dore, la moda tendía a seguir una sola dirección.

Robert Burke, un asesor de marcas de lujo y pasado director de moda de Bergdorf Goodman, abundó sobre el tema.

“Hace tan poco tiempo como una década”, dijo él, “nos reunimos en el Ritz en París para presentar historias sobre tendencias, las cuales luego pasarían a las vitrinas de las tiendas y a la publicidad. Cuarenta o cincuenta de nosotros teníamos las llaves de aquella información secreta”.

Ahora que cualquiera con una pasión por el estilo y con acceso a la televisión o a una pantalla de computadora puede sacar sus propias conclusiones, “la historia sobre las tendencias está pasada de moda”, dijo Burke.

Las tendencias persisten, por supuesto, y todavía son escudriñadas por comerciantes en masa, manufactureros y muchos consumidores, quienes las utilizan como un compás, un medio de navegar por un mar de mensajes que a menudo conflictivos.

Pero, como un ímpetu para comprar, los informes sobre tendencias se mantienen mayormente bajos en las listas de compras de los consumidores.
Los compradores, en cambio, obtienen sus conocimientos sobre la moda de un tumulto de recursos, entre ellos las pasarelas, el Internet y las aparentemente anárquicas calles.

¿Cómo, entonces, se puede clasificar todo esto? Es cuestión de instinto, le dirán los seguidores incondicionales de primera fila y que poseen un gusto personal. Como dijo Dore: “Nosotras nos ponemos lo que nos gusta”.

Dicho esto, ella y sus compañeras, sensibles a los matices, vuelven su atención a un puñado de diseñadores cuya producción sienta el curso de la moda.

“Los diseñadores, junto con un grupo de marcas innovadoras, se dan cuenta del valor de la consistencia y la continuidad”, dijo Burke. “Y de tener su propia voz”.

¿Cuál de esas voces habla hoy a las mujeres de una manera convincente? Inconformistas como Phoebe Philo, de Celine, Francisco Costa, de Calvin, Klein, y Nicolas Ghesquiere, de Balenciaga, cuyas chaquetas redondeadas están abriendo nuevos horizontes. También está cosechando éxitos este año Riccardo Tisci, de Givenchy, cuyos ropajes teñidos de colores han llevado la moda por una dirección oscuramente romántica.

Y esto es solo para los principiantes.
“Nosotras compramos lo que nos encanta y lo que vamos a ser capaces de vender”, dijo Roma Cohen, propietaria de Alchemist, en Miami Beach.

Cohen apuesta para el otoño en modas de diseñador para las habitantes ricas de Miami, que son sus clientas, y para las turistas finas (neoyorquinas, italianas, brasileñas), que acuden a sus dos tiendas en temporada alta.

Los precios más codiciados del otoño, pronosticó ella, incluirán vestidos y piezas individuales nomádicamente inspiradas de Joseph Altuzarra en un diseño al estilo alfombra marroquí, con su exotismo contrastando con sus chaquetas estilo militar; los jerseys y tweeds con sesgo de corte, de Rick Owens, son elaboraciones de sus emblemáticas gamuzas; y los diseños de Tisci, cuyo estilo es tan característico suyo, dijo Cohen, “que la gente puede mirar una pieza suya y enseguida deducirá que es de Givenchy”.

En busca de los favoritos
La longevidad cuenta para Marie Chaix, una joven editora que ha dejado su huella en French Vogue y, más recientemente, como estilista para Proenza Schouler.

Ella se inclina más por piezas “que expresan un estilo que por estar de moda”, dijo ella. “Que es lo que yo pienso, que es lo que cada marca está buscando, pero que es lo más difícil de alcanzar”.
Para el otoño, ella tiene sus ojos puestos en una blusa blanca pura y en una falda de piel negra, de Valentino, y por lo menos un vestido confeccionado por uno de los que aparecen en una lista de diseñadores.

“Junto con una chaqueta de Celine”, dijo Chaix, “esta temporada usted querrá un vestido de Valentino”.
Ella siente debilidad también por una chaqueta de piel negra y pantalones de Balenciaga, una apariencia, dice ella, que va más allá de los límites de la moda sin sacrificar la calidad o la confección. Y ella ya ha ordenado una chaqueta de Proenza Schouler, en piel negra con destellos dorados.

Lanphear se ve igualmente atraída por las pieles, por mucho tiempo su disoluto distintivo.
“Yo tengo una respuesta muy emocional a ciertas cosas”, dijo ella, y una de ellas es que este año se extiende a las pieles marrón y llega a una colección que, dijo ella, “acarrea una verdadera sensación de romanticismo al estilo cuento de hadas”. El rojo oscuro de una camisola de encaje bordado hace que le venga a la mente Blanca Nieves. “Hace una silueta verdaderamente fuerte con pantalones de piel”, dijo ella.

Y añadió que cuando era una jovencita, “los trajes de pantalones eran algo a lo que ella realmente respondía”.

Ditto Dore, cuyo entusiasmo por emparejar chaquetas y pantalones en colecciones como de Louis Vuitton, Miu Miu y Stella McCartney, sólo se puede equiparar a su afición por los “peplums”, especialmente los de Lanvin.
“Ya tengo quizás dos estilos peplum en mi ropero”, dijo ella. “Pienso que ellos son algo que no pasará de moda”.

Estilos que vienen y van
En la mayoría de tales conversaciones, surgen temas generales. En las pasarelas, Britania impera, por lo menos hasta cierto punto.
“Londres está ganando impulso”, dijo Ken Downing, el director de moda de Neiman Marcus, señalando en particular el encaprichamiento de la moda con el estilo eduardiano de “Downton Abbey”.

Con el Jubileo fresco en sus mentes, añadió él, los diseñadores no están menos inspirados por la ropa de la nobleza: paneles de piel, fastuosos brocados, emblemas de la realeza, las joyas de la corona. “Quizás sea por esto que estamos viendo tantos prendedores”, sugirió él.

Y ni se diga de los libros ecuestres, que son altamente apreciados por Holli Rogers, la directora de moda del área de ventas de Net-a-Porter.

Una favorita suya personal, dijo ella, es una chaqueta rústica hecha a la medida, de Stella McCartney, con una pierna acampanada y cuello deportivo. Oh, y una chaqueta de tweed Kenzo con mangas con tejido gofrado.

Las formas cortas persisten, y se infiltran en las colecciones más delicadas, así como en una cantidad de líneas de apariencia de avanzada y con precios accesibles.

Tan relativamente fáciles para el presupuesto como lo son para la vista están una blusa peplum, color aguamarina, de Elie Tahari; un vestido de Milly; y un vestido suelto perfilado con mangas de piel, de DKNY.

En un momento definido por tales corrientes alternas, “la verdadera lucha”, dijo Lanphear, “tiene que ver con cuál es el lado que va a ganar”.

The New York Times

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