La mujer y el mundo actual



El mundo necesita de la mujer hoy día, más que nunca. La mujer no debe desperdiciar los talentos que recibió, aun si no escoge trabajar profesionalmente.

Después de la obtención del derecho de voto a principios del siglo 20, las mujeres no hemos dejado de pelear para defender nuestra posición en el seno de la sociedad. Rebeldes contra una real desigualdad impuesta por los hombres, hemos procurado compensarla por todos los medios.

Fue el arma de la contracepción la que nos permitió liberarnos de la primera dependencia: la maternidad. Con los métodos anticonceptivos una escisión se produjo en el interior de la mujer entre la sexualidad y la transmisión de la vida. Ganó la independencia sexual.

En lo sucesivo, muchas mujeres se lanzan a toda costa en una búsqueda de igualdad con los hombres en todos los campos: el combate por la equidad política, la exaltación del desarrollo profesional de la mujer. En 1995, en la 4ta. “Conferencia Mundial sobre la Mujer “en Pekín, el programa de las feministas radicales se fraguó para los diez años siguientes. Hablan de “pers-pectiva de género “y de “derechos reproductivos". Lo que las “feministas de género" no reconocen, es ser diferentes al hombre.

Simone de Beauvoir en su obra El segundo sexo ha revolucionado la visión de la mujer ¿no nacemos mujeres, nos hacemos mujeres?. Como consecuencia, las feministas piensan que es la cultura la que crea la diferencia entre los sexos por los comportamientos sociales que impone.
Entonces, quieren aniquilar la cultura que le dió la ventaja al hombre. En nombre de la libertad, cada uno puede escoger su orientación sexual, su “género”, que la sociedad deberá considerar como normal. Para eso, hay que modificar la cultura para suprimir toda diferencia entre ambos sexos. Hay que empezar una política de deconstrucción para reconstruir luego nuevas leyes que borren las diferencias - el derecho al matrimonio homosexual por ejemplo-.

Para asemejarse a los hombres, muchas mujeres buscaron la igualdad absoluta suprimiendo la diferencia entre los sexos. Como si la igualdad era la semejanza. ¿ No hay también igualdad en la diferencia? ¿ Además, no se crearon nuevas dependencias?

El movimiento feminista radical, en vez de promover los derechos de la mujer como tal, reclamó que fueran integradas en el mundo del trabajo como los hombres.
Esta propuesta, finalmente admitida, ha originado múltiples dificultades, porque la mujer necesita trabajar con sus cualidades de mujer y el hombre con sus cualidades de hombre. Sin embargo, desgraciadamente en muchos casos, la mujer ha perdido una parte de su identidad. Su corazón ha cambiado el amor y el deseo de dar, en egocentrismo y deseo de autorrealizarse, volviéndose ella misma su último fin.

Desde hace algunos años, nuevas corrientes se desarrollan de quienes aspiran a recobrar una visión íntegra de la mujer, centrada en su femineidad. Actúan a tres niveles de la sociedad: la política, los medios de comunicación y la educación. Hablan de una Mujer Nueva.Esta mujer, es aquella que busca su realización personal siendo ella misma en plenitud. De allí, la necesidad de presentar una nueva visión integral de la mujer, en la que no se omita su misión. ¿Pero cuál es? Es al observarse a sí misma, que una mujer encuentra su diferencia natural con el hombre.

Hasta aquí, nada de nuevo. ¿Pero no sería más novedoso si buscara y admitiera la igualdad con el hombre, no sólo en derechos, sino en dignidad, respetando las diferencias? Y ya que es por la unión del hombre y de la mujer que inicia la vida, es el complemento entre ambos sexos lo que la permite.

El papel de la mujer sería la transmisión de los valores en la sociedad para permitirle que se desarrolle en busca del sentido de la vida. Sin el verdadero amor de la mujer como esposa y madre, la familia se tambalea. Hoy vemos las consecuencias.

Actualmente, más que nunca, el mundo necesita de la mujer. La mujer no puede, ni debe, desperdiciar los talentos que recibió, aun si no escoge trabajar profesionalmente.
La mujer plenamente realizada no es aquella que logra grandes éxitos profesionales a costa del sacrificio de su familia.

No es tampoco la que se queda en su casa de manera egoísta y confortable. La mujer que se realiza es aquella que ama y se siente amada, la que recibe y da con generosidad a su marido, sus hijos y a la sociedad toda entera.
La mujer del siglo XXI desea encontrar un equilibrio entre feminidad, fecundidad y amor, vida familiar y vida profesional. Este certero equilibrio sería la expresión de la página más bella de la historia de la Mujer.

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