Problemas y soluciones en el sexo

Cuando existen  sospechas de dificultades en la vida sexual, es importante la consulta al especialista que en este caso es el sexólogo clínico...

Es una pregunta recurrente en los medios de comunicación, así como en internet, si determinadas situaciones son consideradas o no problemas sexuales. Por eso nos parece importante proporcionar un criterio que pueda servir para tener más claridad, y eventualmente para saber a quién consultar.
Primero diferenciemos entre disfunciones sexuales y problemas sexuales. Las disfunciones sexuales son aquellas dificultades que alteran una o más fases de la respuesta sexual.

En la mujer las más comunes, aunque no las únicas son:
• Ausencia de deseo: La motivación sexual, es decir las ganas de intimar y de involucrarse en algún tipo de actividad sexual, son muy bajas o inexistentes.
• Dificultades de excitación: No se logra una respuesta de lubricación y dilatación vaginal, por lo tanto las relaciones sexuales son poco placenteras o incluso dolorosas.
• Alteraciones del orgasmo: El tiempo necesario para alcanzar un orgasmo es demasiado extenso, o incluso la mujer no consigue el orgasmo en la mayoría de sus encuentros íntimos, o en ninguno. Cabe aclarar que si no se llega al orgasmo en la penetración vaginal, pero sí por otros medios eróticos (como caricias o sexo oral) entonces no diagnosticamos disfunción orgásmica.

Es importante evaluar si el estímulo sexual es el que la mujer necesita, ya que si no coincide con sus expectativas y deseos entonces en realidad no hablamos de una disfunción sexual sino más bien de ausencia de habilidades de estimulación sexual.
Por otro lado, para establecer que existe una disfunción sexual tiene que haber un tiempo de evolución de la dificultad, como mínimo seis meses, y darse en una proporción significativa de los encuentros sexuales, al menos uno de cada cuatro.

Hablemos un poco de los problemas sexuales. En estos casos no hay alteración de la respuesta sexual pero sí insatisfacción sexual, lo cual en definitiva lleva a que no disfrutemos a pleno de la sexualidad. En nuestra experiencia hemos encontrado varias situaciones de quejas femeninas que están enmarcadas dentro de este tipo de problemas:
• Ausencia de romanticismo y juegos de seducción que preparen a la “mente erótica” y estimulen el deseo.
• Poco tiempo de intimidad en pareja.
• Falta de tiempo y dedicación de la pareja a los juegos eróticos, sobre todo los previos al coito.
• Caricias sexuales demasiado directas, pasando por alto zonas erógenas que para ellas son fuente de placer (por ejemplo la espalda, abdomen, cuello, labios, piernas).
• Frases sexuales dichas a destiempo, cuando aún no está el clima y la predisposición necesaria.
• Diferentes tiempos de excitación y estilos sexuales.
• Dedicación insuficiente a los “mimos” luego del orgasmo.
A veces estos problemas dan lugar, como consecuencia, a disfunciones sexuales. Por eso es tan importante utilizar la comunicación eficaz (tanto la verbal como la corporal).

Cuando existen  sospechas de dificultades en la vida sexual, es importante la consulta al especialista que en este caso es el sexólogo clínico. Los sexólogos son especialistas en el diagnóstico y el tratamiento de problemas y disfunciones sexuales. Otros son psicólogos e independientemente de la profesión de procedencia tienen el criterio para derivar a otro especialista cuando se considera que las causas a tratar no son de su incumbencia. Más adelante hablaremos de las terapias sexuales, que son herramientas científicas eficaces para resolver las diferentes dificultades que afectan al placer.

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