Rivalidad entre hermanos

La competencia por la atención y el amor de los padres puede desatar celos mal sano en los niños

Desde el principio de la historia, los celos entre hermanos han sido un tema recurrente. Uno de los deseos más profundos que tenemos las personas es el de ser únicos, exclusivos en la relación con los seres amados. Sentir celos es una reacción natural y estos son iguales independientemente de la edad.

Ningún niño está preparado para recibir a un hermano que le haga perder la exclusividad, y cuando esto sucede es natural que los padres, inicialmente la madre, tengan que dividir su cariño y su afecto. Así, para el pequeño se presenta lo inevitable: ya no tendrá la total atención de sus papás, lo cual despierta rivalidad, celos y deja, en diversos grados, indelebles huellas psíquicas en sus afectos hacia el hermano.

Ante esto, la seguridad en el amor de los padres es el apoyo de primer orden; su carencia, produce en los pequeños intensas ansiedades, temores y dudas. En toda relación donde existe un rival y hay que competir, los celos hacen su aparición y el caso de la relación entre hermanos no es la excepción. Entre hermanos, la rivalidad y la competencia por el amor y la atención de sus progenitores, siempre exacerban los celos.

Existen padres que generan diferencias innecesarias entre sus hijos y también hay padres que intentan encubrir las naturales diferencias. Ambos extremos son inadecuados, ya que cada hermano es un ser único y merece recibir un trato especial. Para que los celos normales entre hermanos no se intensifiquen, los padres pueden incentivar el compañerismo entre hermanos, tratando de evitar tener actitudes que puedan provocar celos.

Los celos, como emociones naturales, deben ser comprendidos. En la vida, siempre hay y habrá que enfrentarse con un otro que recibirá lo que uno quería o con alguien más capaz, por ello, el espacio familiar es el mejor contexto para aprender a manejar los sentimientos que estas situaciones nos despiertan.

Hay etapas en donde es normal que entre los hermanos se incrementen los celos, como cuando nace un nuevo hermano o cuando alguno recibe una distinción. Es deseable que estos celos pudieran ir disipándose para dar lugar a otros sentimientos, como el cariño y el respeto, para que en un futuro los celos no se tornen en angustia y frustraciones, terminando, destructivamente, en ira y agresión.
Cada hijo que nace es diferente y suele llegar a la vida de sus padres en circunstancias distintas. El primer hijo, llega a un hogar sin niños, pero el que le sigue no.

Cuando aparece el primer hijo es el único y los padres suelen estar muy pendientes de él. Los que aparecen en medio, suelen ser los que pueden sentirse más relegados, porque usualmente, los padres no esperan tanto de ellos como con el primero.

Por otro lado, la competencia y las rencillas entre hermanos pueden tener su lado constructivo, ya que permiten que los hermanos desarrollen estrategias de socialización que aplicarán a otras relaciones. Esto desemboca en la única solución posible: aprender a limar diferencias y respetarse, buscando su espacio según su personalidad y capacidades.

Muchos padres no son conscientes de los celos entre hermanos o quizá los ignoran, pensando que así desaparecerán; esto es un error. A menudo el niño mayor, al percibir que el pequeño capta la atención de los padres, hace de todo para llamar la atención. Una de las actitudes más frecuentes es que, transitoriamente, imite las conductas del bebé, experimente un retroceso en el lenguaje, vuelva a mojar la cama, a chuparse el dedo, a pedir que lo carguen, a pedir un chupón.

Así, él cree que le darán más atención y para captarla puede tornarse agresivo, deprimido o desobediente. También, resistirse a participar de las reuniones familiares, interrumpir las conversaciones de sus padres o mostrarse más sensible o llorón, con dificultad para concentrarse, para prestar atención, lo que le puede llevar a una alteración en el rendimiento escolar.

Hay otros niños que van más allá y manifiestan síntomas físicos, como dolores de cabeza, estómago, piernas, que pueden ser fingidos o no y en estos casos es necesario vigilarle más de cerca, pero en ningún caso, hay que cerrar los ojos, hay que prestar atención e intentar hacerle comprender, recordándole que es el hijo mayor y que tiene más capacidad de comprensión que su hermano.

Cuando existe una discusión entre hermanos, si es leve, lo mejor es no intervenir ya que estos altercados sirven además para aprender a solucionar sus conflictos por el diálogo, claro que si la cuestión pasa a mayor grado, es necesario intervenir.

Para todo niño, es muy difícil dejar de ser el sol para ser una estrella más en el universo de su casa.


*El autor es psiquiatra y psicoanalista.
Así lo dijo:
"Cuando uno de los hermanos reclama a sus padres que presta más atención al otro hermano, usualmente es cierto y a veces no nos damos cuenta, y sería muy acertado
Reforma

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