Sexo en la tercera edad… real o ficción?

El apetito sexual acompaña al ser humano hasta su muerte y muchos estudios demuestran que la libido no sólo permanece, sino que en algunos casos aumenta a lo largo de la vida. Esto puede crear situaciones contradictorias entre lo que una persona de edad avanzada desea y lo que puede realizar; se tienen apetencias similares a las de los jóvenes, pero el organismo requiere un proceso diferente para lograr la excitación.

El deseo sexual no desaparece, pero es necesario aceptar los cambios físicos y adaptarse a ellos para vivir una sexualidad plena. Hasta hace pocos años se identificaba el envejecimiento con una disminución del interés sexual, pero los médicos aseguran hoy día que ambas situaciones no tienen por qué estar relacionadas. Hombres y mujeres sufren cambios fisiológicos que condicionan la práctica del sexo, pero la pérdida del deseo se debe más a ciertos factores psicológicos, como miedos o falsas creencias. Además de los problemas físicos, también el uso de algunos fármacos muy habituales en la tercera edad pueden dificultar las relaciones sexuales. Todas estas alteraciones tienen solución gracias a eficaces tratamientos que ofrece la medicina actual, pero para disfrutar plenamente del sexo se requiere sobre todo un cambio de mentalidad y aceptar los cambios propios de la edad.

No se puede hablar de una edad determinada para referirse a la tercera edad y a los cambios que implica, porque el envejecimiento es algo dinámico que no afecta a todos de la misma forma. Tal y como nos señalan los geriatras, “aunque no se puede etiquetar a todos por igual, es importante estudiar cómo afectan los cambios fisiológicos de las personas mayores en sus relaciones sexuales; la mujer los experimenta a raíz de la menopausia y van acentuando con la edad. En el hombre surgen algo más tarde, a partir de los 60 años. En entonces cuando de forma progresiva pueden comenzar los problemas de eyaculación ”.

Las alteraciones en las personas de edad avanzada pueden ser fisiológicas o patológicas, según explica el secretario de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Gómez Pavón. “Las fisiológicas son las que se producen habitualmente durante el envejecimiento y las patológicas se deben a enfermedades que pueden estar presentes a cualquier edad, aunque son más frecuentes en esta etapa de la vida”, distingue.

Alteraciones fisiológicas en hombres y mujeres

En hombres: En el hombre se producen varios cambios que pueden afectar a sus relaciones sexuales. “Los más importantes se deben a los problemas de riego sanguíneo, concretamente a la llegada de sangre a la zona genital, que generalmente se debilita por la hipertensión arterial, arteriosclerosis u otros problemas. Por otro lado, se produce una disminución de testosterona, que es la hormona masculina”, comenta el doctor Pedro Ramos. Como consecuencia, los hombres pueden sufrir las siguientes transformaciones:

• La excitación es más lenta y la sensibilidad en la zona genital disminuye: existe un retraso en la respuesta ante estímulos visuales y táctiles, lo que hace necesario una estimulación más prolongada para lograr la erección.

• Se tarda más en conseguir una erección, el tiempo de firmeza es menor y cuesta más volver a tener otra erección tras la eyaculación.

• El tiempo desde la erección hasta la eyaculación es menor.

• Se reduce la fuerza de la erección y la cantidad de semen expulsado.

• Disminuye la lubricación, que facilita el contacto con la vagina de la mujer.

• Cambios en la eyaculación: el orgasmo es menos intenso y más corto.

• Disminución significativa de la cantidad de esperma.

• Disminuye el tamaño testicular.

• Aumenta el tamaño de la próstata.

En mujeres: La menopausia suele darse de forma más clara a partir de los 55 años en el sexo femenino, aunque en algunos casos se puede adelantar a los 45 años o incluso más. La disminución de estrógenos (hormona femenina) provoca una serie de modificaciones en los órganos genitales femeninos que afectan a la vida sexual. Los principales cambios en las mujeres son:

• Disminuye la elasticidad de la vagina y como consecuencia pueden aparecer molestias durante la penetración.

• Menor lubricación con mayor tendencia a la sequedad: esto puede causar dolor o irritación durante el coito si la fase previa a la penetración no es suficientemente prolongada y eficaz para asegurar una buena lubricación.

• Se reduce la sensibilidad en los órganos genitales, por lo que se requiere una mayor estimulación previa.

• Los orgasmos son menos intensos y más cortos, y es difícil que se repitan al poco tiempo.

• Disminución del tamaño del útero y los ovarios.

• Se producen cambios en la vagina, que puede acortarse y estrecharse.

En resumen, y según explica Javier Gómez Pavón, especialista en geriatría, “tanto en los hombres como en las mujeres de edad avanzada la excitación sexual se produce más lentamente y se necesitan estímulos más duraderos e intensos. El orgasmo tarda más tiempo en llegar y es mucho más corto. Estos son básicamente los cambios fisiológicos, pero desde el punto de vista psicológico no existen notables alteraciones y se mantiene el interés sexual”.

Además de todos estos cambios fisiológicos, existen otro tipo de alteraciones, también físicas, provocadas por algunas enfermedades propias de edades avanzadas que pueden afectar a la actividad sexual. “Son las enfermedades que nacen como consecuencia de alteraciones en el aparato circulatorio como hipertensión, diabetes, angina de pecho, infarto de miocardio, colesterol, trombosis, arteriosclerosis, etc. También pueden influir otro tipo de patologías como las prostáticas, ováricas, cáncer o cualquier enfermedad que afecte a los órganos genitales”, enumera Gómez Pavón.

Asimismo, el uso de ciertos fármacos puede interferir en la vida sexual de algunas personas, aunque este hecho puede ocurrir a cualquier edad. “Las personas mayores toman una media de dos o tres medicamentos. Algunos tienen como efecto secundario una alteración de la libido o cambios en las condiciones de vaso-dilatación y alteraciones del flujo”, señala el geriatra.

Creencias erróneas y soluciones para los problemas fisiológicos

Los especialistas insisten en que no se puede buscar la eterna juventud ni sentir la vejez como algo poco atractivo. En opinión del doctor Pedro Ramos, “lo más conveniente es adaptarse a las características del cuerpo en cada momento de la vida. Eso no significa no realizar el acto sexual, pero sí tener en cuenta ciertas modificaciones que hacen necesario una mayor estimulación previa. No se debe pretender buscar lo que se hacía de joven porque bajo esas premisas muchas personas se frustran, y a partir de los 55 ó 60 años cesa su actividad sexual”.

Durante muchos años la sexualidad en las personas mayores ha sido un tema tabú. De hecho aún en la actualidad hay quien lo considera algo vergonzoso o fuera de lugar. Sin embargo, los médicos aseguran que se puede y se debe mantener la actividad sexual porque es saludable física y psicológicamente. Frente a esta recomendación, la realidad, según ha constatado la psicóloga clínica Susana Liberal, es que la periodicidad de las relaciones sexuales disminuye bastante en este núcleo de la población.”No existe una barrera clara en cuanto a la edad, pero sí se sabe que entre los 65 y 70 años es menor la frecuencia porque empiezan a pensar que son muy mayores y que ya no es propio de su edad. Normalmente es un pensamiento que viene de antes, es decir, que a los 50 años ya tenían una vida sexual en claro retroceso y disminución”, añade.

Todos los especialistas consultados coinciden en que el sexo está muy influido por el comportamiento cultural, religioso y social a lo largo de la vida de cada persona. “Los mayores no suelen hablar de este tema porque les da pudor, aunque poco a poco van “abriendo la mente”. Es habitual encontrarse a mujeres que han vivido la sexualidad como algo relacionado con el matrimonio, la procreación y la satisfacción masculina. Por eso tienen más prejuicios morales con el sexo. En definitiva, la discriminación y el machismo también juegan un papel importante en este caso concreto porque si un hombre mayor sigue practicando sexo se le ve como ‘macho’, pero si lo hace la mujer se le censura y se piensa que es una vergüenza a su edad. Esto no debería ser así y afortunadamente va cambiando esta mentalidad”, opina Susana Liberal.

El doctor Gómez Pavón destaca la importancia del diálogo en la pareja para solucionar los problemas sexuales en la tercera edad. “Es necesario hablar para intentar romper los tabúes, conocerse, saber lo que le gusta a cada uno, y sobre todo comprender que el sexo no sólo es el coito, hay otras prácticas que pueden ser muy plenas. El comportamiento sexual debe ser más lento, más tranquilo y con más aspectos de excitación, como las caricias, juegos sexuales, etc. A medida que se va envejeciendo el coito es sólo una parte más del acto sexual, no lo más buscado como suele ocurrir entre los jóvenes”, aclara el médico.

Para la psicóloga Susana Liberal, la falsa creencia de que el sexo es únicamente un coito perjudica mucho a la pareja. “Sentir placer no es sólo una estimulación genital. Las caricias por todo el cuerpo son muy importantes, y es necesario dedicarse mucho tiempo a tocarse, besarse, acariciarse y buscar una excitación más sensorial. Para ello se pueden usar olores, aceites o entrar en un juego de sensaciones y palabras, que puede ser mucho más placentero que empeñarse en una relación coital”, propone.

Desde su experiencia como psicóloga en este campo, Liberal ha comprobado que los hombres toleran peor los cambios fisiológicos porque han vivido en una época en la que la sexualidad era algo más masculino y centrado en su capacidad coital. Por esta razón, cuando notan que sus erecciones son más lentas y que eyaculan menos, piensan que su sexualidad ha quedado reducida. “De esta forma ellos mismos se limitan, porque dificultan el acercamiento por el temor a fracasar y hacer el ridículo, y sufren ansiedad anticipatoria. Muchas mujeres, en cambio, viven la sexualidad con más tranquilidad tras la menopausia, porque ya no tienen que estar preocupadas por quedarse embarazadas o por la utilización de métodos anticonceptivos. Además, el hecho de que el hombre tarde más en eyacular puede dar lugar a mayor tiempo de disfrute, más tiempo para que la mujer descubra cosas nuevas”, explica.



Tanto el hombre como la mujer pueden ser igual de activos sexualmente en la tercera edad y gozar de la misma forma. Así lo aseguran los médicos consultados. No obstante, existen muchas creencias erróneas sobre este tema que la psicóloga Susana Liberal considera que deben ser desmentidas:

• Los mayores no tienen deseo sexual

• Las experiencias sexuales son menos satisfactorias en la tercera edad

• Tener sexo es de ‘viejos verdes’

• En la vejez hay más posibilidades de tener desviaciones sexuales

• El sexo es malo para la salud

Todos estos tópicos son totalmente falsos, afirman los especialistas. “Los mayores catalogan de ‘viejo verde’ al que muestra cierto interés por el sexo, pero esto no es cierto. En cuanto a la salud, en algunas enfermedades concretas el sexo puede estar contraindicado, pero es independiente de la edad, sólo tiene que ver con la salud. Por el contrario, la actividad orgánica que se produce es muy positiva y beneficia a los mayores, tanto física como psicológicamente. Por ejemplo, para la depresión es muy bueno, ya que eleva la moral y autoestima el sentirse atractivo”, apunta Liberal.

Cuando a pesar de seguir todas estas recomendaciones existe un problema sexual que subyace, se recomienda acudir al urólogo, ginecólogo o psicólogo. El geriatra Gómez Pavón propone varias soluciones para algunos cambios físicos: para las mujeres existen unas cremas vaginales o vaselinas para tratar la falta de lubricación. También se comercializan productos similares a la viagra o terapias con estrógenos tras la menopausia, aunque no sólo se usan ante problemas sexuales, sino para prevenir otras alteraciones relacionadas con la disminución de la hormona femenina.

Gómez aclara que el hombre no experimenta una sustitución hormonal tan clara como en la mujer, excepto en los casos de claro déficit de testosterona, que puede provocar impotencia, entre otras alteraciones. Si la causa de los problemas sexuales es vascular, hay medicamentos como la Viagra u otros análogos, que son muy eficaces. Son productos que favorecen la erección, pero no evitan otros cambios en el hombre como necesitar mayor tiempo de excitación o tener una eyaculación más tardía. Hasta hace poco era un campo poco investigado porque se consideraba que los mayores no tenían derecho al sexo.



El doctor Pedro Ramos recuerda que estos medicamentos no se pueden tomar sin control porque tienen contraindicaciones. “No se pueden recetar a personas con problemas cardiovasculares porque se obliga al corazón a trabajar a una intensidad mayor que la que puede soportar. Muchas personas han muerto por usarlo sin control. Por eso debe tomarse siempre con prescripción médica”, recomienda.

El uso de este tipo de productos también suele ir acompañado de muchos prejuicios. Liberal considera que las mujeres son más reacias a probar este tipo de productos, pero cuando se les explica cómo funcionan y lo entienden, no suele haber problemas. “Por ejemplo, el uso de los lubricantes puede vivirse como un juego en la relación de pareja. En cuanto a la Viagra, se hacen muchos chistes en la calle sobre el tema y por eso la gente suele ocultar que lo toma, por pudor”, dice.

Otra recomendación que apunta el doctor Ramos respecto al sexo es evitar que la periodicidad sea menor a una vez al año a partir de los 50 años, porque después es muy difícil volver a recuperar la sexualidad. Concluye con la siguiente aclaración: “los propios órganos sexuales desde un punto de vista funcional siguen un proceso de envejecimiento más acelerado. Además, para la relación de pareja es importante mantener la actividad sexual, aunque siempre adaptada a las características de cada uno”.

 

 
Pepa Villanueva
Información y fotos de Agencias

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